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Ramadán es el mes del Corán, y por lo tanto es un mes en el que la recitación y el estudio del Libro de Allah es incluso más recomendable si cabe que a lo largo del año. Esta semana en el blog de Madrasa Editorial vamos a compartir un extracto de un capítulo del Tafsir del Imam Al-Qurtubi. Este capítulo se llama 'Excelencias del Corán, su deseo por él, y el mérito de aquel que lo aprende, recita, escucha y practica',

Dice el Imam Al-Qurtubi: El tema de este capítulo es extremadamente amplio, y en lo relacionado con él los ulemas han compuesto gran cantidad de libros. Mencionaremos aquí unos puntos que hagan referencia a su mérito, y la recompensa que Allah tiene preparada para quien se dedica al estudio del Corán, si verdaderamente es sincero en su práctica.

Lo principal y primero de todo es que el creyente tenga la sensación de que entre las excelencias del Corán está que es la palabra del Señor de los mundos, no creada, la palabra de Quien no hay nada como Él, y el atributo de Quien no tiene semejante ni parecido. El Corán es, por lo tanto, la luz de Su poderosa y majestuosa esencia; la lectura o recitación del Corán, por otro lado, corresponde a los sonidos y las voces de los recitadores.
Esta recitación se emplea en los actos de adoración de forma obligatoria y en otras frecuentes ocasiones de forma recomendable; sin embargo se recrimina a aquel que los usa en estado de impureza ritual.

En un relato de At-Tirmidhi se transmitió de al-Harith y este de 'Ali, Allah esté complacido con él que dijo: He oído decir al Mensajero de Allah, al que Allah bendiga y conceda paz: "Se producirán discordias como una parte tenebrosa de la noche." Pregunté Mensajero de Allah, ¿quién será el que esté a salvo de ellas? Dijo: "En el Libro de Allah, glorificado y ensalzado sea, hay noticias de vuestros predecesores y de los que vendrán después de vosotros, y está el veredicto para dilucidar entre vosotros: quien lo abandonara por soberbia, Allah le castigaría, y quien buscara la guía fuera de él, Allah le extraviaría. Es la cuerda resistente de Allah, Su luz clara, y el sabio Recuerdo. Es el camino recto, aquel que no tuercen los deseos caprichosos ni oscurecen las lenguas ni fraccionan las opiniones. Es aquel del que no se sacian los ulemas ni se aburren los temerosos. No envejece por las abundantes refutaciones que contiene, ni se deshacen sus maravillas. Es aquel que no cesan los genios de decir cuando lo escuchan, "verdaderamente oímos un Corán portentoso". Quien supiera de su ciencia se adelantaría, quien hablara con sus palabras diría la verdad; quien dictaminara un veredicto basándose en él sería recompensado, y quien llamara a él sería guiado al camino recto".

Se transmitió de 'Abdullah ibn Mas'ud que dijo el Mensajero de Allah, al que Allah bendiga y conceda paz: "Ciertamente este Corán es un festín de Allah: aprended pues lo que podáis de su festín. Este Corán es la cuerda de Allah, la luz clara, la cura provechosa, la inmunidad para quien se aferra a él, la salvación para el que lo sigue, no tiene torcedura que enderezar ni desvío que encarrilar. No se deshacen sus maravillas ni envejece por sus abundantes refutaciones. ¡Recitadlo, porque Allah os premiará por ello! Por cada letra que se recite se obtienen diez hasanat. ¡No dejéis de recitar el sura de La Vaca porque verdaderamente shaytan escapa de la casa en la que se recita dicho sura. Y la casa más desprovista de bienes es aquella que está vacía del Libro de Allah!

Relató Al-Bujari en una transmisión de 'Uzman ibn 'Affan, que el Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz dijo: "El mejor de vosotros es aquel que aprende el Corán y lo enseña".

Relató Muslim en una transmisión de 'Aisha, que dijo el Mensajero de Allah, al que Allah bendiga y conceda paz: " El hábil con el Corán estará entre los ángeles honorables y justos. Aquel que recita el Corán entrecortada y dubitativamente y con dificultad tendrá recompensa doble". Obtendrá dos recompensas, una por la recitación y la otra por la dificultad.


Estos son solo algunos de los hadices del Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz, acerca de las excelencias del Corán y el mérito del que los escucha, recita y aprende. Aprovechemos la oportunidad que se nos concede en este sagrado mes para incrementar el tiempo que le dedicamos al Corán.

En Madrasa Editorial disponemos de traducciones tanto del Corán como del Tafsir Al-Qurtubi, visita nuestra web para hacerte con una copia.



Acaba de terminar la primera semana del bendito mes de Ramadán, y desde Madrasa Editorial hemos querido escribir este post recordando los beneficios y secretos que encierra este gran mes. Para ello vamos a utilizar varios extractos del libro "Islam, creencias y prácticas básicas" escrito por Shayj Abdelhaqq Bewley.


La mención principal sobre el ayuno aparece en el Corán con claras instrucciones sobre el Ramadán:
"¡Creyentes! Se os ha prescrito el ayuno al igual que se les prescribió a los que os precedieron ¡Ojalá tengáis temor (de Allah)!
Por un determinado número de días, fijados para ello. 
Pero el que esté enfermo o de viaje, podrá hacerlo, en igual número, otros días.
Y los que pudiendo ayunar (no lo hagan o interrumpan su ayuno) el remedio será alimentar a unos pobres.
Pero quien haga el bien espontáneamente será mejor para él. Y que ayunéis es mejor para vosotros, si sabéis."

Hay también muchas declaraciones del Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, que hablan del ayuno y sus beneficios: "Abu Hurayra dijo que el Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz, había dicho: 'Allah, Todopoderoso y Excelso, dijo: 'Todas las acciones del hijo de Adam son para sí mismo excepto el ayuno. Es Mío y Yo lo retribuyo'. El ayuno es un escudo. Cuando alguien ayuna, no debe mantener relaciones sexuales ni discutir. Si alguien le insulta o quiere pelear debe decir: 'Estoy ayunando'. Por Aquél que tiene el alma de Muhammad entre Sus manos que el aliento del que ayuna es, para Allah, más fragante que el almizcle. El que ayuna experimenta dos alegrías: se regocija cuando rompe el ayuno y cuando se encuentra con su Señor se alegra de haber ayunado'" (Al-Bujari, Muslim, an-Nasa'i).

Ibn 'Abbas dijo: "El Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, era la persona más generosa y lo era aún más en Ramadán cuando Yibril se encontraba con él. Yibril solía visitarlo cada noche de Ramadán hasta que finalizaba el mes y el profeta,  a quien Allah bendiga y conceda paz, repasaba el Corán con él. El Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz, era más generoso con las cosas buenas que el mismo viento" (Al-Bujari y Muslim).

Una de las prácticas extraordinarias que se hace especialmente en el mes de Ramadán es la sunna confirmada del tarawih, las oraciones nocturnas que se hacen detrás del Imam después del Salat al-Isha. Esta es una práctica muy beneficiosa para el que la hace; sin menospreciar, por supuesto, el poder oír la recitación de grandes partes del Libro de Allah.
Ramadán tiene dos aspectos. El primero es la actividad propia del ayuno y el segundo es la naturaleza del tiempo en sí. No hay tradición espiritual que no practique el ayuno de una u otra manera. El ayuno es, en realidad, una práctica humana determinante. Cualquier otra criatura hambrienta, diferente al ser humano, cuando se le ofrece un alimento que le gusta, lo consume automáticamente. Sólo el ser humano es capaz, mediante un acto de voluntad, de abstenerse de comer en esas circunstancias. Esto lo convierte en un acto de adoración muy especial que es muy recompensado por Allah si se hace por Su causa. El ayuno conlleva muchos beneficios, sin dejar de mencionar a los, de sobra demostrados, relacionados con la medicina que corrobora que el ayuno es algo excelente para la salud corporal. No obstante, es posible que, al no comer ni beber cuando queremos, podemos romper uno de los vínculos básicos y más importantes que nos apresan en este mundo más grosero.

Nuestra conexión original con este mundo se establece cuando nos alimentamos del pecho materno; esto es algo que continúa con los patrones alimenticios que adquirimos a lo largo de la niñez y la vida adulta posterior. El resultado de romper este patrón es abrir el acceso al conocimiento directo de la infraestructura de nuestra individualidad y, más allá de esto, a la presencia del Señor que de todo nos provee.

No cabe duda de que Ramadán es un tiempo muy especial; todo musulmán lo sabe. Y de alguna manera es cualitativamente diferente a cualquier otro momento. Y es independiente de la actividad propia del ayuno. El ayuno no es lo que hace que Ramadán sea diferente, sino el que Allah haya hecho obligatorio ayunar durante este mes para que los musulmanes obtengan el máximo beneficio del carácter extraordinario que contiene este momento. Allah, ensalzado sea, ha hecho que este mes contenga un gran secreto, la Laylatu'l-Qadr- la noche que el Corán define como mejor que mil meses- y por esta razón, el Profeta,  a quien Allah bendiga y conceda paz, había elegido este mes para hacer su retiro antes del comienzo de su profecía. En esa noche es cuando tuvo lugar la gran apertura; la intersección de lo temporal y lo intemporal: comenzaba la revelación del Libro de Allah. Tal y como han señalado algunos comentaristas, mil meses es, aproximadamente, lo que dura la vida del ser humano o, dicho con otras palabras, toda la experiencia del tiempo que podemos tener. Lo que se indica con la descripción de la Laylatu'l-Qadr, es que está fuera del tiempo, en ese momento del año en el que se abre una ventana a la intemporalidad, ese momento en el que los seres humanos tienen acceso a la Presencia de Allah.

En este momento que impregna el mes entero, se abren las Puertas del Jardín y llega a este mundo un eco imperceptible de sus brisas suaves y fragantes. Y en este mes, los shaytanes que agobian a la gente aguijoneándonos y haciendo difícil que recordemos a Allah, están encadenados y nuestros corazones pueden degustar la libertad y la facilidad. Esta es la razón de que las buenas acciones tengan tan alta recompensa en el mes de Ramadán, tal y como dice el hadiz. No obstante además de las buenas noticias hay una advertencia que no se debe olvidar: Ramadán es un mes extremadamente preciado y los musulmanes no pueden permitirse desperdiciarlo en absoluto. Es importante beneficiarse al máximo, porque contiene un beneficio cuyos efectos podrán sentirse a lo largo del año que le sigue.


Le pedimos a Allah que nos haga de los que aprovechan el mes de Ramadán al máximo y que nos haga ser de los que reciben la alegría de encontrarse con Él en la otra vida habiendo ayunado. Amín.


La figura del Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz, en el Islam transciende la del mero transmisor del mensaje divino. En el Corán Allah alaba a Su Profeta y menciona que es un hermoso ejemplo para los creyentes. A lo largo de los siglos la vida del Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz, ha sido objeto de estudio por numerosos eruditos. La ciencia que se encarga de esto es conocida como Sira. Desde Madrasa Editorial queremos hablar sobre las principales razones que hacen tan importante el estudio de la Sira. 

El siguiente artículo está basado en una serie de charlas impartidas por Yasir Qadhi, un erudito americano.


¿Por qué debemos estudiar Sira?

Es una obligación

Allah subhana wa ta'ala nos ha ordenado conocer al Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz. En el Corán hay más de 50 aleyas en las que se nos encomienda tomar al Profeta como ejemplo.
Dice Allah en el Corán: "Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejemplo para quien tenga esperanza en Allah y en el Último Día y recuerde mucho a Allah". [33:21]

A través de la Sira obtenemos conocimiento sobre la religión, los modales y la moral. También aprendemos como era como líder, como padre y como marido. No importa desde que ángulo observemos su vida, que siempre encontraremos que es un ejemplo a seguir.

 Por amor al Profeta

El estudio de la Sira es la mejor manera de aumentar nuestro amor por el Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz. Ningún otro método es tan efectivo y poderoso para llegar a amarlo, como el estudio de su vida. Desgraciadamente esto es algo que la mayoría de nosotros no alcanzamos a comprender.
Si de verdad lo amas, estudiarás su vida. Un signo del amor por alguien es el querer saber más acerca de esa persona. El estudio de la Sira es por lo tanto una señal del amor por el Profeta, y es un círculo vicioso, cuanto más estudiamos su vida más lo amamos, y cuanto más lo amamos más estudiamos su vida.

 Nos ayuda a entender el Corán

El estudio de la Sira nos ayuda a comprender el Corán. El Corán es un libro de significados muy profundos, y no puede ser entendido sin un contexto claro. Un ejemplo claro se encuentra en la siguiente aleya: "Que tu Señor no ha prescindido de ti ni te desdeña" [93:3]

No podremos entender esta aleya hasta que no estudiemos la Sira, aprendiendo cuándo y por qué fue revelada.

Aumenta nuestro Imán

Conforme vamos estudiando la Sira vamos descubriendo los terribles sufrimientos que padecieron tanto el Profeta, al que Allah bendiga y conceda paz, como sus Compañeros, que Allah esté complacido con todos ellos. La cantidad de afrentas, ofensas, insultos y agresiones que sufrieron por el Din del Islam hacen que la mayoría de nuestros problemas parezcan una nimiedad a su lado. La forma en la que sobrellevaron tantos sufrimientos no debería sino incrementar y arraigar nuestro Imán.

 Es un milagro

La Sira en sí misma es un milagro. Su vida es prueba de que es el Mensajero de Allah, ya que vino de un entorno barbárico y en un período aproximado de veinte años desde que recibió la revelación revolucionó de manera completa la nación.

El famoso erudito Ibn Hazm dijo:
"Si al Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz, no se le hubiera concedido más milagro que su vida, habría sido prueba suficiente de que es el Mensajero de Allah"

Ofrece una metodología precisa para el renacimiento de la Umma

Si queremos que la Umma del Islam vuelva a florecer tenemos que mirar y estudiar lo que él hizo. Empezó desde cero y en veinte años logró mucho. Si nos fijamos en el estado de la Umma hoy en día lloran nuestros corazones. Nos preguntamos por qué nos está pasando esto. La respuesta está en el estudio y aprendizaje de la Sira.

La Sira nos proporciona las herramientas necesarias para defender el honor de nuestro amado Profeta. Desde que recibió el Mensaje su honor fue atacado, lo llamaron mago, hechicero, loco y un sinfín de cosas más.
Esa propaganda en contra del Islam y del Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz, continúa en nuestros días. Y si queremos defender su honor tenemos que conocer su vida.

Aprendemos sobre sus Compañeros

Estudiando Sira no solo aprendemos sobre la vida del Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y conceda paz, también aprendemos sobre sus Compañeros, que Allah esté complacido con ellos. Ellos eran la mejor generación y comunidad surgida para el bien de los hombres.
Dice Allah en el Corán: "Sois la mejor comunidad que ha surgido en bien de los hombres"


Cada uno de ellos es un ejemplo y un modelo para nosotros.


 En Madrasa Editorial sabemos de la importancia que tiene el estudio de la Sira para todo musulmán, es por eso que disponemos de varios títulos pertenecientes a esta ciencia que se pueden adquirir aquí y aquí.







En el post de esta semana vamos a hablar acerca de un libro que trata sobre los governantes de los musulmanes durante los años posteriores a la muerte del Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y le dé paz. Este libro es "Los Primeros Califas del Islam", por Yalaluddin as-Suyuti.

 El autor

Su nombre era Abu'l Fadl 'Abd ar-Rahman Yalaluddin as-Suyuti. Nació en el Cairo la noche del sábado 1 de Rayab del año 849 H. (3 de Octubre de 1445 d.J.)
Su madre era de origen Circasiano y su padre de origen Persa, aunque as-Suyuti dijo que sus ancestros provenían de Al-Judayriyya en Bagdad. Su familia se instaló en la ciudad de Asiut, en el egipto Mameluco, es de esta ciudad de donde recibe la nisba (adjetivo que indica el lugar de origen de la persona) de as-Suyuti. Su padre enseñaba jurisprudencia Shafi'i en la mezquita de Shayju, pero murió cuando as-Suyuti tenía 5 o 6 años.

As-Suyuti dominaba la mayoría de los estudios tradicionales de su época, estudió jurisprudencia Shafi'i y Hanbali, teología, historia, retórica, filosofía, filología, aritmética, medicina y además tenía un inmenso conocimiento del Hadiz.

Cuando tenía 18 años comenzó a enseñar jurisprudencia Shafi'i en la misma mezquita en la que enseñó su padre. En el año 1486, el sultán Qaitbey le nombró Shayj de la Khanqah o Zawiya de Baybars. As-Suyuti era Sufi y pertenecía a la orden Shadili.


Mezquita en el Cairo

As-Suyuti fue considerado el renovador del Din del siglo 9 después de la Hégira. Fue el autor de más de quinientos textos sobre el Corán, la Sunnah, los hadices, el fiqh, la Sira etcétera.

Se le recuerda también por haber terminado el Tafsir del Corán conocido como Yalalayn, que había quedado inacabado a la muerte de su autor, Yalaluddin al-Mahalli.

As-Suyuti murió el Jueves 18 de Yumada al-'Ula, 911 H. (17 de Octubre de 1505 d.J.), que Allah tenga misericordia de él. 
La Meca

El libro

El texto de as-Suyuti, "Tarij al-Julafa", es de sobra conocido en la Ummah del Islam y es reeditado con frecuencia. El original contiene las historias de todos los que habían sido nombrados Califas desde la muerte del Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y le dé paz, hasta la época en la que vivía as-Suyuti.

Este volumen resumido contiene las historias de los conocidos como "Al-Julafa ar-Rashidun", los Califas que siguieron el Camino Recto. As-Suyuti utiliza su vasto conocimiento de los hadices para presentar las tradiciones más auténticas que hablan de estos hombres nobles, de su gobierno, su carácter y sus contribuciones a la Sunnah del Islam.

El beneficio que puede obtener el musulmán de hoy en día es inmenso, pues estos hombres son los que convivieron con el Profeta Muhammad, al que Allah bendiga y le dé su gracia y paz, y son uno de los mejores ejemplos que podemos tener.


Pedimos a Allah que bendiga al Imam as-Suyuti por el esfuerzo dedicado durante su vida a aprender y enseñar el Din del Islam, así como le pedimos que nos permita beneficiarnos de esta obra. Amin

 

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